Web de pruebas

Las expresiones musicales, como las culinarias, guardan en sus pliegues las historias de sus génesis mestizas, sus viajes, migraciones, éxodos y diásporas. Las recetas, como las canciones, son fruto de la recombinación contínua de un ingrediente tras otro en una cocción-reinterpretación sin fín.

En una época en la que los bordes de las cartografías eran líneas abiertas y continentes insinuados, los reinos ibéricos se repartían el mundo conocido y por conocer, comerciantes portugueses llegan a las costas de Japón tras un naufragio en 1530. Es la primera vez que se produce un encuentro directo entre japoneses y europeos. El presente espectáculo recrea, desde la lógica de la remezcla, los encuentros, intercambios y mestizajes culturales que pudieron producirse entre ibéricos y japoneses durante los siglos XVI y XVII.

Las rutas de la remezcla es un proyecto que combina la creación gastrosófica y la musical desde un acercamiento histórico e imaginario. Producido por el ICAS dentro del Banco de Proyectos, se trata de una experiencia que sumerge al espectador-comensal en lo sensorial combinando comida, música, visuales y palabra poética, y que tiene lugar en el refectorio del convento de Santa Clara en Sevilla.

Ágape fraternal:

Rito de bienbebida

De cómo las gentes se encuentran y reconocen la primera vez.

  • Altramuz vs Edamame / Bloody Mary de Nagasake / Bola Pez Tempura, servidos en el pre-refectorio.

  • Campanas cristianas y Gongs budistas.

En el pre-refectorio, artistas y comensales se saludan en un rito de entrada antes del viaje: el mundo ibérico y el japonés se enfrentan por primera vez en un ágape fraternal. Compartimos Lupinus Albus (Altramuz blanco) y Glycine max (Edamame): el snack gratuito de los bares sevillanos se eleva a los altares frente a su hermano japonés, el edamame. Un cóctel de bienvenida, Bloody Mary de Naga-sake (jugo de tomate y sake), nos anuncia el desarrollo de la obra: recrear e imaginar desde la actualidad los intercambios culturales históricos. La bola-pez nos cuenta el viaje de la fritura que llega a Japón con los Jesuitas portugueses y vuelve transmutada en Tempura por la creación colectiva lenta de las gentes.

Suenan campanas de iglesias de Castilla y de la catedral de León y de Valencia, tocando para llamar a la misa de diario. El repiqueteo de las campanas se entrelaza con el sonido de Bonshōs de Kanazawa (campanas situadas en los templos budistas de Japón para llamar a la oración y organizar el tiempo), del Templo de Asakusa Kannon o del templo Chionin de Kioto. Repiquetean llamando al viaje…

Escena primera:

Liturgia del pan y la conquista

De cómo los Jesuitas adaptan y fusionan su liturgia con la cultura japonesa en un proceso de camuflaje y mímesis.

  • Desayuno japonés suplantación ibérica:
    • Sopa de Ajo (Sopa de miso) / Gilda (Encurtidos) /Migas (Arroz) /Bacalao, naranja (Pescado) /Mojama piquillos dulce, servido de pie en las mesas iniciales del refectorio
  • Música sacra ibérica con ingredientes de músicas clásicas japonesas y de Molucas.

La mesa central se divide en dos mundos, primero partidos por Tordesillas, y después conectados por el viaje evangelizador jesuita y su hibridación cultural estratégica.

En la mesa, cuencos, platos, espejos, seda y alimentos, se convierten en elementos litúrgicos para transitar de Iberia a Japón de la mano de la adaptación jesuita: del milagro de la multiplicación de los panes y los peces a la diosa Uke-Mochi-No-Kami, de las Bodas de Caná a la fabricación del Sake. Como una suplantación poética, se construye el meta-menú llamado Desayuno Japonés. El meta-menú es una tapa que contiene un menú completo, un menú dentro del menú: entrante, sopa, plato principal y postre. Partiendo del formato del desayuno japonés (sopa de miso, pescado, arroz y encurtidos), sustituimos los ingredientes nipones por los ibéricos, buscando referentes similares en nuestra cultura y cocinando los ingredientes que caracterizan en la mesa central a Iberia y a los viajes.

La música de la escena transita de manera análoga entre los dos mundos, y reinterpreta la adaptación cultural jesuita remezclando música sacra ibérica del s. XVI con fragmentos de música clásica y religiosa japonesa. Misas, himnos, cantos polifónicos, requiems y ave marías de Francisco Guerrero y Tomás Luis de Victoria, se funden con recitaciones corales de sutras budistas (Shōmyō), cantos ceremoniales, flautas shakuhachi de monjes mendicantes, y cantos populares de las Molucas y de la producción del Sake. Tras el viaje en la mesa central, mientras los comensales degustan el desayuno japonés, en la pantalla se desarrolla un retablo visual en tríptico. Un retablo hecho de imaginerías asociadas a los más de 40 fragmentos musicales remezclados, y que espeja los dos mundos religiosos, una liturgia híbrida de Iberia-Cipango.

Escena segunda:

Un millón de Maravedíes

De cómo los samurais japoneses llegan a Sevilla y lo que allí encuentran.

  • Tapeo sevillano (Gazpacho / Farinata y escabeche de caballa), servido en torno a la mesa escénica central en el refectorio.
  • Música festiva imaginaria de flamenco samurai

La mesa y la pantalla toman la forma de un biombo japonés, un Rokkyoku byōbu de 6 paneles. En estos dos biombos, los ingredientes musicales y culinarios de esta composición festiva e imaginaria dialogan tan lejos tan cerca.

En la mesa central, imágenes y rollos de papel a modo de emaki se despliegan y entrelazan en un collage-caleidoscopio evocando el encuentro entre japoneses y sevillanos: Hasekura y Sotelo, el azahar y su aroma, el tomate americano, el granado y el pepino del Hortus Floridus (1614); Sevilla y su río retratados por Manuel Barrón (1851); el salmón de Takahashi Yuichi, pintado al estilo occidental o yōga (1877); kimono y dalmático, espejados. Sobre esto, los haikus escritos para la obra son mostrados en japonés sobre papeles de arroz en caligrafía tradicional.

La comida toma la forma de un binomio de gazpacho y farinato con escabeche, que recrea la tapa sevillana que tal vez fue ofrecida a los visitantes nipones. Los binomios son un modo de dar una tapa líquida y una sólida. Este binomio recupera el modo de servirse antiguo, donde la Tapa, tapaba el vaso de vino. Servimos un Gazpacho como comunión de los tiempos que aúna pan, aceite, ajo, tomate, pepino y pimiento. Y servimos la farinata, cuyo origen se remonta al siglo XIII cuando una tormenta anega la bodega de un barco y los garbanzos, al mezclarse con el agua salada, crean una masa nutritiva y sabrosa. El escabeche sale a escena como la elaboración que permitía conservar los alimentos.

La fiesta musical se construye con binomios de músicas populares: canciones de picapedreros japoneses junto a martinetes en la fragua; fragmentos de jiuta, un estilo musical interpretado con shamisen por hombres ciegos (Tōdōza), suenan junto a música portuguesa para tecla de los siglos XVI y XVII. El sonido del koto japonés dialoga con la pieza “Guadalquivir (danza)” de Sabicas, y su grabación “embrujo sevillano” se jalea con los sonidos del amasado callejero del mochi. El quejío de manuel agujetas se superpone al canto y las máscaras del teatro noh, las palmas y el jaleo se suman a la música del teatro kabuki (traducido frecuentemente como "el arte de cantar y bailar"). Y la escena termina con la famosa nana tradicional japonesa “Itsuki no komoriuta” sobre un fandango por soleá.

Escena tercera:

La Barbarie

Del caos, la incomprensión, el conflicto y la destrucción.

  • Performance comestible ( Picos-Kanpan / Pao de Queijo + salsas de remolacha / salsa de algas / salsa de lentejas /salsa de soja). En el refectorio, de pie, se come de la mesa escénica central con las manos
  • Construcción y deconstrucción colectiva de capas sonoras de las dos culturas.

El pan simboliza a dios, es el cuerpo de cristo. Pan en japonés se dice Pan. En la mesa se colocan los panes a modo de ofrenda, con cada pan, un sonido, un susurro, un gemido. La música de la escena se construye como una máquina de repetición de sonidos grabados en directo, deformados hasta el desconocimiento. Con salsas se pinta el ruido sobre la mesa y el espectador pasa de mirar a actuar participando en la construcción y destrucción de este cuadro comestible, comiendo directamente sobre el mantel. Con cada pieza de pan que pasa de la voz al cuerpo, los sonidos, los lenguaje se funden en el ruido de la incomprensión.

Los picos y el pan pertenecen a la tradición sevillana de los bares de tapas y en Japón el kanpan, el pan de emergencia, se vende en latas metálicas para las catástrofes, a modo de kit de supervivencia. El pan escogido es un Pao de Queijo de origen portugués con especias de nuestros montes: romero y tomillo. Las salsas aportan los colores al cuadro: el negro-marrón de la soja, el verde de las algas wakame, el rojo granate de las remolachas ligadas en alioli, y el naranja claro de las lentejas, semillas de sésamo y wasabi y umeboshi.

Escena cuarta:

La huella de los Bárbaros del Sur

Del sincretismo cultural que se produce desde el arte namban hasta la mutación del cristianismo por parte de los kakure kirishitan.

  • Plato de cocina Namban en las mesas del refectorio. Namban Champon: Caldo de huesos y alga kombu, Butifarra, Chocos, Col y Fideos de boniato. Servicio sentados en las mesas finales del refectorio.
  • Música popular japonesa con ingredientes de músicas populares ibéricas y de las rutas portuguesas a las indias.

El contenido de esta última se articula sobre esta idea de mezcla y remezcla, lenta y colectiva, que podemos identificar en el sincretismo y la hibridación namban. Música, imágenes y comida se cuecen en un fuego lento popular. En Nagasaki se inventó en el siglo XIX un plato llamado Nagasaki champon, hibridación de varias culturas, y que arranca con la llegada de los portugueses, y con influencias chinas.

Para la última escena se propone un plato llamado Namban champon. Este plato sincrético, como un plato que podría haber sucedido, mezcla productos de ambas tierras en una sola elaboración. De la unión de un caldo de pies de cerdo y otro de algas kombu surge una comunión japoiberica para reconfortar los estómagos. Fideos de batata guisados en este caldo junto a chocos, butifarra, col y setas shitake se sirven como la sopa monacal que cierra el menú principal.

Los comensales se sientan a comer sobre las mesas de caoba del refectorio, donde comieron las hermanas clarisas antaño: una escena como las pintadas por Zurbarán con los monjes cartujos. Sobre las mesas, la sopa en el cuenco refleja los visuales en la pantalla, que toma la forma de un collage circular en el que los ingredientes de la sopa se mezclan con los de la música.

A partir de fragmentos del himno “O Gloriosa Domina” y su variación por el vihuelista Luis de Narváez (1500 - 1552), se van diluyendo en la mezcla fragmentos musicales que recorren la distancia entre Iberia y Japón tanto en el espacio como en el tiempo. Cantos de Formosa y de Goa, puerto histórico de los portugueses, suenan junto a recitaciones épicas acompañadas del instrumento satsuma-biwa, hasta mezclarse con música de orquestas populares del japón de los años 20. El himno “O Gloriosa Domina”, sigue resonando en el tiempo junto a orquestas españolas de baile y grabaciones de canciones populares religiosas de la meseta española.

En la pantalla, un caldo de ingredientes culturales gira en torno a una estatuilla de María Kannon erosionada por el tiempo, y se cuece con un aire festivo que anuncia el final de la ceremonia.

A.Dios:

Rito de despedida

De cómo comensales y artistas se despiden

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  • Según menú de Felipe III: Arroz con leche, Falsa pastela, Granadas al vino tinto. Servido sobre paellera tensegrítica a la salida al pre-refectorio.

Con la música sincrética resonando aún en el refectorio, volvemos al pre-refectorio para el cierre dulce: una revisión de algunos platos de un menú que ofreció Felipe III, rey de España y Portugal en esa época.

Dicen que es del siglo XVII cuando se instauraron diferentes formas de cultivar arroz en las márgenes del Guadalquivir … el arroz con leche, se sirve con azafrán para cambiarle el color y mezclar aroma con la canela. Se combina con una Castela pastel típico de Japón que aparece por influencia Ibérica.

Si el cuerpo de cristo_Pan ha guiado en todo el menú, ahora es la sangre, a modo de vino, la que se ofrece en un acto de transustanciación, a modo de despedida: vino tocado con granadas, fruto que pusieron los árabes de moda en la alimentación de la península ibérica… budistas, musulmanes, cristianos y ateos se dan cita en este último buche.

diseño y producción previa

Encuentros culinarios

Créditos

Idea y desarrollo: Lilian Weikert, Miguel Vázquez-Prada, Jaime Gastalver, Esperanza Moreno y Rubén Alonso.

Objetos y visuales mesa principal: Esperanza Moreno, Lilian Weikert y Miguel Vázquez-Prada

Visuales pantalla: Rubén Alonso

Menú y gastrosofía: Lilian Weikert y Jaime Gastalver

Palabra poética: Poemas de Jaime Gastalver / Lecturas de Atsuko Fukuda (Ako) y Jaime Gastalver / Traducciones al japonés y escritura de Atsuko Fukuda (Ako)

Música: Rubén Alonso

Collages: Rubén Alonso

Libreto: Antropoloops, LaPlasita

Iluminación: Benito Jiménez, Fernando Reyes y Nacho Almarcha

Grabación audiovisual: Nocem Collado

Comunicación y prensa: Olga Beca (Telegrama SCA)

entidad: espectáculo producido por el Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS) dentro del programa Banco de Proyectos.

año: 2018